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Desde hace tiempo soñaba con vivir una prueba de ciclocross en Bélgica, y este invierno lo hice realidad: viajé a Dendermonde, una cita que todo amante del barro y la bicicleta debería experimentar. El día amaneció gris, con esa humedad que anticipa terreno pesado, aunque el circuito estaba más rápido de lo esperado. Aun así, el ambiente era puro ciclocross: olor a tierra, cerveza y emoción.
La carrera femenina: técnica y poder
Llegué temprano para ver la prueba femenina. Me coloqué en la zona técnica de las escaleras donde las ciclistas desmontaban y corrían con la bici al hombro. Verlas luchar contra el barro, con una técnica impecable, fue impresionante. El público animaba sin parar, con campanas, banderas y cánticos improvisados. Era una cercanía total: ves el esfuerzo en sus rostros, escuchas su respiración contenida y te contagias de la tensión.
En Dendermonde venció Lucinda Brand, que rompió la carrera con autoridad y se impuso con un tiempo de 51:06. La siguió Puck Pieterse, a tan solo 11 segundos, y en tercer lugar cruzó Amandine Fouquenet, a 23 segundos del liderato. Estas tres corredoras demostraron un nivel altísimo de resistencia y técnica, especialmente Brand, que mantuvo un ritmo muy bueno toda la carrera.
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Ambiente entre carreras
Después de la femenina aproveché para pasear por el circuito. Había puestos de comida por todas partes: patatas fritas, gofres, cerveza belga. El barro estaba en todas partes, en las botas, en la ropa… pero eso es lo bonito: el ciclocross se vive con los cinco sentidos.
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La carrera masculina: emoción hasta el sprint
Luego llegó el plato fuerte: la prueba masculina. El público se multiplicó y la tensión se palpaba. Desde la salida, el ritmo fue brutal. Me emocionó ver a Felipe Orts en cabeza durante varias vueltas, demostrando que puede pelear con los mejores. El grupo delantero se mantuvo compacto casi toda la carrera, con ataques y respuestas constantes.
En la última vuelta todo se decidió al sprint. Thibau Nys lanzó su ataque en la subida final y se llevó la victoria por delante de Tibor Del Grosso, que hizo una remontada increíble tras un pinchazo. Laurens Sweeck cerró el podio. Van Aert, uno de los favoritos, no pudo rematar y terminó sexto, mientras Orts firmó un meritorio octavo puesto.
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La fiesta final
Cuando terminó la competición, lejos de apagarse el ambiente, empezó la celebración. Una gran carpa junto al circuito se llenó de música, luces y gente bailando con botas embarradas y cerveza en mano. Me quedé un buen rato charlando con aficionados locales, que me contaron lo que significa el ciclocross para ellos: no es solo deporte, es tradición, identidad y comunidad.
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Volví con la sensación de haber vivido algo auténtico. Dendermonde no es solo barro y bicicletas; es una experiencia que mezcla competición, cultura y fiesta. Si alguna vez tienes la oportunidad, no lo dudes: ven preparado para el frío, el barro y la velocidad… y para acabar el día celebrando bajo una carpa llena de música y pasión por el ciclismo.
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Escrito por Pep Fontanals el 08 de Enero de 2026.
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